miércoles, 30 de octubre de 2013

Diario de

Salgo fuera de mí y es invierno, veo a los niños cruzar un paso de cebra y es invierno, me disuelvo en lo irresoluble y es invierno, nubes como de dragón llorando, invierno, tomo decisiones irrevocables sobre mi vida, invierno, leche caliente, invierno, diario de, invierno, y esta tristeza absoluta e insignificante de notar los dedos fríos entre las mangas del abrigo. Invierno, olor a madre. Suelo frío contra las nalgas, raíces frías, tallo frío, hojas y bolis fríos, flores frías, estomas fríos, mente... mente. Invierno.

martes, 29 de octubre de 2013

Baladí

Toda mi vida apesta a tabaco
y a toses,
aunque no fume,
aunque sólo tosa en brumario.

¿De dónde ha salido este sombrero?
No me entra en la cabeza.
Y no tiene conejos.
No, conejos, jamás.

Las zanahorias no sirven de gafas,
ni siquiera de paracaídas.
¡Espera!
Las zanahorias han hecho mucho daño.

No ato mis cordones convencionalmente.
Y creo que les pongo muy tristes,
creo que no les gustan mis manos.
A mí tampoco.

Le pedí a una estrella fugaz
que no huyera.
Se rió en mi cara.
La etimología es fuerte, muy fuerte.

Creo que me estoy enamorando
de los ojos de los niños,
aunque me asusten mucho,
o precisamente por ello.

¡No! Me duele estar lejos de Helsinki.
Y conozco lo bastante de distancias
como para saber que lejos
es tener que hablar en condicional.

Esquirol, esquirol,
el día que tú naciste grandes señales había.
La luna estaba crecida.
Esquirol, esquirol.

¡Hay un 29
en la puerta de mi instituto!
Pero me cae bien.
Algunos días.

Mamá, no tosas más.
Por favor.
Mamá,
¿por qué no me dices qué haces en el médico?

Despuntan las 4:19 de la mañana
y el lunes me arrepentiré de todo,
como siempre.
Y todos somos amarillos a nuestra manera.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Pijamas de pino

Un día me levanté y la muerte me encontró en pijama
(los días trágicos también empiezan en pijama),
y el cadáver de mi abuelo fue despedazado por palomas, flores y besos.
El reloj se derramaba en los cuadros del tanatorio y las sillas eran cómodas.
Un día me levantaré y de las manos deformes de mi abuela
sólo quedará el polvo de los huesos de mis hijos,
y se acabarán los cuentos de buenas noches y el calor y el conservadurismo,
y el calor.
Un día me levantaré y la historia se habrá tragado a los que amé,
y a mis poemas,
y a todo lo que odié,
y a los edificios de los que no conseguí escapar,
y a los árboles que deseé que nos invadieran.
Y al cielo, al cielo. ¿Cómo va a vivir alguien sin ver el cielo?
Y a las palabras, a las palabras de amor, a las palabras rotas, olvidadas, prohibidas, frágiles, eternamente caducas,
a las palabras, mi vida,
a tu cuerpo contra el mío
y a la fina lluvia de agujas que es tu tristeza.
Y a mí, desnuda, pensativa, remendada,
también me encontrará la muerte.

Un día no me levantaré.